Ámsterdam es mucho más que canales, bicicletas, tulipanes y casas de fachadas estrechas. La capital de los Países Bajos está llena de historias sorprendentes, tradiciones peculiares y pequeños detalles que seguramente pasarían desapercibidos si nadie os los contara. ¿Sabíais que Nueva York se llamó Nueva Ámsterdam? ¿Que las tres cruces de su bandera no tienen nada que ver con el Barrio Rojo? ¿O que algunas de sus casas están inclinadas hacia delante para facilitar las mudanzas? Durante una visita a la ciudad descubriréis que muchas de sus peculiaridades están relacionadas con su historia comercial, su lucha contra el agua y una forma de entender la vida bastante diferente a la de otros países europeos.
En este artículo os contamos 20 curiosidades de Ámsterdam que os ayudarán a conocer mejor la ciudad y a fijaros en detalles que probablemente no habíais observado.
1. Ámsterdam está por debajo del nivel del mar
Una de las primeras curiosidades de Ámsterdam es que buena parte de la ciudad se encuentra por debajo del nivel del mar, aproximadamente a unos dos metros bajo el nivel del mar en su zona central, aunque la altitud varía según el barrio. ¿Y cómo es posible que no esté inundada? La respuesta está en un complejo sistema de diques, canales, esclusas y estaciones de bombeo que permite controlar el agua.
Los neerlandeses llevan siglos luchando contra el mar y recuperando terrenos que antiguamente estaban cubiertos por agua. De hecho, aproximadamente una cuarta parte del territorio de los Países Bajos se encuentra bajo el nivel del mar. Así que cuando paseéis tranquilamente por los canales de Ámsterdam, recordad que estáis caminando por una ciudad cuya existencia depende, en buena medida, de la ingeniería hidráulica.

2. ¿Por qué el naranja es el color de los Países Bajos?
Si habéis visitado Ámsterdam durante alguna celebración nacional, probablemente os habrá sorprendido la enorme cantidad de personas vestidas de naranja. Y es curioso, porque la bandera de los Países Bajos es roja, blanca y azul.
La explicación está en su monarquía. La familia real neerlandesa pertenece a la Casa de Orange-Nassau, cuyo origen está vinculado a Guillermo de Orange, una de las figuras fundamentales de la independencia neerlandesa frente a la monarquía española. Por eso el naranja se convirtió en un símbolo de identidad nacional.
Lo veréis especialmente durante el Día del Rey, pero también en acontecimientos deportivos, cuando los aficionados neerlandeses se visten completamente de naranja para animar a sus selecciones.
3. El Día del Rey convierte Ámsterdam en una fiesta gigantesca
Si hay una fecha especial en el calendario de Ámsterdam es el 27 de abril, cuando se celebra el Koningsdag o Día del Rey, coincidiendo con el cumpleaños del rey Guillermo Alejandro. Durante esta jornada la ciudad se transforma. Las calles se llenan de personas vestidas de naranja, los canales se convierten en escenarios de fiestas y prácticamente cualquier rincón puede transformarse en un mercadillo improvisado.
Y aquí aparece una de las tradiciones más curiosas: el vrijmarkt, un mercado callejero en el que los particulares pueden vender sus objetos de segunda mano sin necesidad de una licencia comercial ordinaria, dentro de las condiciones especiales establecidas para ese día. Por eso veréis a familias enteras vendiendo juguetes, ropa, libros y todo tipo de objetos delante de sus casas. Eso sí, no significa que durante el Día del Rey nadie pague impuestos ni que todas las actividades estén libres de obligaciones fiscales. Es una excepción pensada para facilitar estos mercadillos populares, una de las tradiciones más queridas del país.
4. Nueva York se llamaba Nueva Ámsterdam
¿Sabíais que Nueva York se llamó originalmente Nueva Ámsterdam? Durante el siglo XVII, los neerlandeses establecieron una colonia comercial en la zona de la actual Manhattan, que formaba parte de los Nuevos Países Bajos. La ciudad recibió el nombre de Nieuw Amsterdam, es decir, Nueva Ámsterdam.En 1664 pasó a manos inglesas y fue rebautizada como Nueva York en honor al duque de York. Pero la huella neerlandesa todavía puede encontrarse en algunos nombres de la ciudad. Por ejemplo, Brooklyn procede de Breukelen, una localidad neerlandesa, mientras que Harlem deriva de Haarlem, una ciudad situada cerca de Ámsterdam.
La historia está relacionada con la enorme expansión comercial de los Países Bajos durante el Siglo de Oro, cuando sus compañías comerciales establecieron rutas y colonias por diferentes partes del mundo.Entre ellas destacaron la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, fundada en 1602, y la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, vinculada directamente con la colonización de Nueva Ámsterdam.
Así que la próxima vez que veáis fotografías de Manhattan, recordad que sus orígenes coloniales están estrechamente relacionados con los comerciantes neerlandeses.

5. Los famosos coffeeshops no son cafeterías normales
Otra de las grandes curiosidades de Ámsterdam es su conocida política de tolerancia hacia determinadas drogas blandas. La ciudad está llena de establecimientos llamados coffeeshops, donde se permite la venta y el consumo de pequeñas cantidades de cannabis bajo condiciones muy concretas.
Pero hay algo importante que debéis saber: el cannabis no es completamente legal en los Países Bajos. Lo que existe es una política de tolerancia regulada, conocida como gedoogbeleid, que permite determinadas actividades bajo requisitos específicos.
Además, en los coffeeshops no se puede vender alcohol. Y si simplemente queréis tomar un café, lo mejor es buscar un café o una koffiebar.También debéis tener en cuenta que fumar cannabis en determinadas zonas públicas del centro histórico está prohibido, incluido el Barrio Rojo. La imagen de Ámsterdam como una ciudad donde todo está permitido no se corresponde exactamente con la realidad.

6. El Barrio Rojo y las luces de sus escaparates
El Barrio Rojo de Ámsterdam, conocido como De Wallen, es probablemente uno de los barrios más famosos de Europa. Su nombre popular procede de las características luces rojas que iluminan los escaparates donde trabajan algunas profesionales del sexo. En los Países Bajos, el trabajo sexual entre adultos está permitido y regulado bajo determinadas condiciones. Una de las particularidades de estos escaparates es que cuentan con medidas de seguridad, entre ellas sistemas de alarma que permiten solicitar ayuda en caso de peligro.
Sin embargo, aunque el barrio atraiga a miles de turistas, debéis recordar que no está permitido fotografiar ni grabar a las trabajadoras sexuales en los escaparates. Es una cuestión de privacidad, respeto y seguridad. A veces se mencionan multas concretas, como 240 €, pero no conviene presentar esa cifra como una sanción general y automática: las consecuencias dependen de la conducta y de la normativa aplicable. También existen restricciones para los grupos turísticos, el consumo de alcohol en la calle y determinadas conductas que provocan molestias a los vecinos.
Por eso, si visitáis el Barrio Rojo, os recomendamos recorrerlo con respeto y recordar que no es un parque temático, sino un barrio donde también viven y trabajan muchas personas.

7. Ámsterdam nació alrededor de un dique
¿Os habéis preguntado alguna vez de dónde viene el nombre de Ámsterdam? Su origen está relacionado con el río Amstel y con un antiguo dique construido para controlar sus aguas. El nombre procede de Amstelredamme, una referencia al dique del Amstel que dio origen al asentamiento medieval. Con el tiempo, aquel pequeño núcleo comercial fue creciendo hasta convertirse en una de las ciudades más importantes de Europa. Y todavía podéis visitar el lugar que recuerda sus orígenes: la Plaza Dam, situada en pleno centro histórico. La palabra neerlandesa dam significa precisamente «dique».
Y no es un caso único: Róterdam también debe su nombre a un dique, en este caso construido sobre el río Rotte. Así que dos de las ciudades más importantes de los Países Bajos llevan en su nombre una referencia directa a su lucha histórica contra el agua.
8. La ciudad de las bicicletas
Si hay algo que caracteriza a Ámsterdam, además de sus canales, son las bicicletas. Las encontraréis absolutamente por todas partes: aparcadas junto a los puentes, delante de las viviendas, en las estaciones y circulando por prácticamente cualquier calle. Se estima que en la ciudad hay cientos de miles de bicicletas, una cifra que durante años se ha situado alrededor de las 880.000 unidades, aunque los recuentos y la población cambian con el tiempo.
La bicicleta no es solamente una actividad turística: es uno de los medios de transporte habituales de sus habitantes. Y aquí va un consejo importante. No invadáis los carriles bici cuando estéis paseando por Ámsterdam. Los ciclistas circulan con bastante rapidez y, aunque las prioridades dependen de la señalización, los carriles reservados para bicicletas no son una prolongación de la acera.
Otra curiosidad es que cada año se retiran miles de bicicletas de los canales. Durante años se ha repetido la cifra de 15.000 bicicletas anuales, pero los datos publicados varían considerablemente según el periodo y el organismo que realiza el recuento. En cualquier caso, no deja de ser sorprendente imaginar cuántas bicicletas terminan en el fondo de los canales de Ámsterdam.
9. Las casas estrechas, inclinadas y con ganchos
Una de las imágenes más características de Ámsterdam son sus casas estrechas y alargadas, con fachadas de diferentes colores y tejados que parecen inclinarse en todas las direcciones. Pero ¿por qué se construyeron así? Durante determinados periodos históricos, los impuestos sobre las propiedades estaban relacionados con la anchura de las fachadas, por lo que resultaba conveniente construir viviendas estrechas y profundas. Uno de los ejemplos más famosos se encuentra en Singel 7, donde podréis ver una fachada de apenas un metro de ancho. Aunque tiene truco: esa parte tan estrecha corresponde a la fachada trasera, mientras que el edificio es considerablemente más ancho por el otro lado.
Otra de las curiosidades de estas casas se encuentra en su parte superior. Si os fijáis, muchas tienen un gancho que sobresale del tejado. Se utilizaba para subir muebles y mercancías mediante poleas, ya que las escaleras interiores eran demasiado estrechas para transportar objetos voluminosos. Algunas fachadas se construyeron ligeramente inclinadas hacia delante para facilitar estas maniobras y evitar que las cargas golpeasen las ventanas. Eso sí, no todas las casas torcidas de Ámsterdam fueron diseñadas así. Otras presentan inclinaciones provocadas por los movimientos del terreno y el envejecimiento de sus cimentaciones.

10. Ámsterdam fue pionera en las bolsas de valores
Durante el siglo XVII, Ámsterdam se convirtió en uno de los grandes centros financieros y comerciales del mundo. La fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) en 1602 tuvo un papel fundamental en este desarrollo. La compañía emitió acciones que podían negociarse entre inversores, dando lugar a uno de los primeros mercados bursátiles modernos. Por eso se suele considerar que Ámsterdam fue la cuna de la bolsa de valores moderna.
Eso no significa que antes no existieran mercados financieros o lugares donde negociar títulos comerciales, pero la experiencia de Ámsterdam marcó un antes y un después en el desarrollo de los mercados de acciones. Resulta curioso pensar que una ciudad que hoy asociamos con bicicletas, canales y tulipanes fue también uno de los grandes laboratorios del capitalismo financiero moderno.

11. Las tres XXX de la bandera de Ámsterdam
Si paseáis por Ámsterdam, veréis tres letras XXX por todas partes. Aparecen en banderas, fachadas, bolardos, recuerdos turísticos e incluso en las tapas de algunas alcantarillas. En realidad son tres cruces de San Andrés, representadas en blanco sobre una franja negra y un fondo rojo.
Su origen exacto no está completamente aclarado. Una de las interpretaciones las relaciona con antiguos símbolos heráldicos, especialmente con el escudo de la familia Persijn, que tuvo propiedades en la región durante la Edad Media. También existe una leyenda muy extendida que asegura que las tres cruces representan las grandes amenazas históricas de Ámsterdam: el fuego, las inundaciones y la peste. Sin embargo, no existen pruebas históricas que confirmen esta explicación.
12. El mercado de flores flotante de Ámsterdam
Uno de los lugares más curiosos que podéis visitar es el Bloemenmarkt, el famoso mercado de flores de Ámsterdam. Se encuentra junto al canal Singel y suele presentarse como el único mercado de flores flotante del mundo. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando los comerciantes llegaban en embarcaciones cargadas de flores y plantas para venderlas directamente desde el agua.
Hoy los puestos están instalados sobre plataformas y barcazas amarradas al canal. Aunque actualmente encontraréis numerosos recuerdos turísticos y bulbos de tulipanes, el mercado sigue siendo uno de los lugares más característicos del centro. Si compráis bulbos para llevarlos a casa, comprobad que sean aptos para su transporte y que cumplan los requisitos fitosanitarios del país de destino.

13. El columpio sobre el vacío de la A’DAM Tower
¿Os atreveríais a balancearos sobre Ámsterdam a unos cien metros de altura? En el mirador A’DAM Lookout, situado al otro lado del río IJ, encontraréis el famoso columpio Over the Edge. La atracción permite balancearse más allá del borde de la plataforma del edificio, con unas vistas espectaculares sobre la ciudad. Durante años se ha promocionado como uno de los columpios más altos de Europa. Desde la terraza también podréis contemplar el centro histórico, los canales y buena parte de Ámsterdam.

14. Ámsterdam es la capital, pero el Gobierno está en La Haya
Otra de las curiosidades que suelen sorprender a los viajeros es que Ámsterdam es la capital oficial de los Países Bajos, pero no es donde se encuentra la sede del Gobierno. El centro político y administrativo del país está en La Haya, conocida en neerlandés como Den Haag. Allí se encuentran el Parlamento, la residencia de trabajo del primer ministro y buena parte de las instituciones gubernamentales. También es una ciudad especialmente importante para la justicia internacional, ya que alberga organismos como la Corte Internacional de Justicia. Ámsterdam, por su parte, conserva su condición de capital constitucional y continúa siendo uno de los principales centros culturales, económicos y turísticos del país.
15. Una ciudad llena de museos
Ámsterdam es una ciudad ideal para quienes disfrutan visitando museos. En un espacio relativamente reducido encontraréis instituciones tan importantes como el Rijksmuseum, el Museo Van Gogh, el Stedelijk Museum, el Museo Casa de Rembrandt o la Casa de Ana Frank. También hay museos mucho más peculiares dedicados a temas tan diferentes como los tulipanes, los canales, la fotografía o la historia marítima.
En ocasiones se afirma que Ámsterdam es una de las ciudades con más museos del mundo, solamente por detrás de París o el Vaticano. Sin embargo, este tipo de clasificaciones depende de qué se considera exactamente un museo y de los límites geográficos utilizados. Lo que está claro es que, para el tamaño de la ciudad, la concentración de instituciones culturales es extraordinaria. Si os gustan los museos, os recomendamos reservar al menos una jornada para descubrir algunos de ellos.

16. Los neerlandeses están entre las personas más altas del mundo
Otra curiosidad que probablemente notaréis al viajar a Ámsterdam es la altura de sus habitantes. Los Países Bajos se encuentran habitualmente entre los países con mayor estatura media del mundo. En diferentes estudios, la altura media de los hombres neerlandeses jóvenes se ha situado alrededor de 1,83 metros, aunque depende de la generación y de la población analizada. No es extraño encontrar puertas, espejos o mobiliario adaptados a personas bastante altas. Y si sois de estatura baja, quizá tengáis la misma sensación que muchos visitantes: ¡todo el mundo parece sacaros una cabeza!
17. El hermano de Napoleón y su supuesto discurso del «conejo»
Una de las anécdotas más divertidas relacionadas con la historia de los Países Bajos tiene como protagonista a Luis Bonaparte, hermano de Napoleón. En 1806 fue nombrado rey de Holanda y trató de aprender neerlandés para acercarse a sus nuevos súbditos. Según una anécdota muy repetida, durante uno de sus primeros discursos fue desde el balcón del Palacio Real de Ámsterdam. Quiso presentarse como el rey de Holanda, pero cometió un error de pronunciación. En lugar de decir koning —rey— habría pronunciado konijn —conejo—. Así que, supuestamente, terminó presentándose como el «conejo de Holanda».
La historia es muy conocida, aunque no está suficientemente documentada como para asegurar que sucedió exactamente así. En cualquier caso, ilustra las dificultades lingüísticas de un monarca francés que intentó integrarse en un país cuya lengua no dominaba.

18. Los tres besos al saludar
Si conocéis a personas neerlandesas, quizá os sorprenda descubrir que en determinadas situaciones sociales es habitual saludarse con tres besos en las mejillas. Tradicionalmente se alternan las mejillas, aunque el lado por el que se comienza y la forma de saludar pueden variar.
No significa que todos los neerlandeses se saluden siempre de esta manera. Entre desconocidos, en entornos profesionales o entre personas que prefieren mantener cierta distancia, es habitual darse la mano o simplemente saludarse verbalmente. Pero entre familiares y amigos, los tres besos forman parte de una costumbre muy característica de los Países Bajos.
19. Los canales de Ámsterdam: puentes, casas flotantes y patinadores
Terminamos con uno de los grandes símbolos de Ámsterdam: sus canales. La ciudad cuenta con aproximadamente 75 kilómetros de canales y más de un millar de puentes. Su famoso anillo de canales del siglo XVII fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2010.
Pero los canales no son solamente un atractivo turístico. También forman parte de la vida cotidiana de miles de personas. De hecho, Ámsterdam cuenta con alrededor de 2.500 casas flotantes, muchas de ellas utilizadas como viviendas permanentes.
Y hay una curiosidad especialmente bonita relacionada con el invierno. Cuando las temperaturas descienden lo suficiente durante varios días, algunos canales pueden llegar a congelarse. En esas ocasiones, si el hielo alcanza el grosor necesario y las autoridades consideran que es seguro, los neerlandeses aprovechan para practicar una de sus actividades favoritas: patinar sobre hielo natural. No sucede todos los años y, debido a los inviernos cada vez más suaves, es un acontecimiento relativamente excepcional. Pero imaginar los canales de Ámsterdam convertidos en pistas de patinaje es una de esas imágenes que parecen sacadas de otra época.

20. La huella de la dominación española y el duque de Alba
Aunque hemos hablado de 19 curiosidades, hay una última historia que merece un apartado especial. Durante el siglo XVI, los territorios que hoy forman los Países Bajos formaban parte de los dominios de la monarquía de los Austrias españoles. Las tensiones políticas, religiosas y económicas desembocaron en la revuelta neerlandesa y la Guerra de los Ochenta Años. Uno de los personajes más recordados de aquel periodo fue Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, enviado por Felipe II para restablecer el control sobre los territorios rebeldes. Su gobierno estuvo marcado por una dura represión y por la creación del llamado Tribunal de los Tumultos, conocido por sus detractores como el Tribunal de la Sangre.
Por eso el duque de Alba terminó convirtiéndose en una figura especialmente negativa dentro de la memoria histórica neerlandesa. A veces se afirma que en los Países Bajos todavía se utiliza la expresión «¡que viene el duque de Alba!» para asustar a los niños. Sin embargo, aunque existen referencias históricas y populares a su figura, no hay motivos para presentar esa frase como una costumbre generalizada en la sociedad neerlandesa actual. Lo interesante es que esta historia demuestra hasta qué punto los conflictos entre España y los Países Bajos dejaron huella en la identidad y la memoria cultural de ambos países.
¿Conocíais todas estas curiosidades de Ámsterdam?
Ámsterdam es una ciudad que sorprende mucho más allá de sus principales monumentos. Detrás de sus casas estrechas hay antiguas formas de recaudar impuestos; detrás de sus canales, siglos de ingeniería; y detrás de sus tres cruces, una historia que todavía no está completamente resuelta. Además, su pasado comercial explica conexiones tan sorprendentes como la que existe entre Ámsterdam y Nueva York. Por eso, cuando recorráis la ciudad, os recomendamos mirar más allá de los lugares turísticos habituales. Fijaos en los ganchos de las fachadas, buscad las tres cruces en los elementos urbanos, observad cómo se organiza el tráfico de bicicletas y recordad que estáis paseando por una ciudad que lleva siglos conviviendo con el agua.
Esperamos que estas curiosidades de Ámsterdam os ayuden a descubrir la ciudad desde una perspectiva diferente. ¿Conocíais alguna de estas historias? ¿Hay alguna otra curiosidad de Ámsterdam que os haya sorprendido durante vuestro viaje? ¡Os leemos en los comentarios!





